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Hace 155 años se desataba la Batalla de Piribebuy en el marco de la Guerra de la Triple Alianza. El 12 de agosto de 1869, unos 20.000 efectivos de la Triple Alianza -en su mayoría brasileños- se habían enfrentado a 1.600 defensores paraguayos entre los que se encontraban también mujeres, ancianos e, incluso, niños, según recuenta el profesor e historiador Carlos Von Horoch.
“Es considerada como la única batalla urbana de la Guerra de la Triple Alianza; si bien se peleó en otros poblados como Corrientes, Santo Tomé, Pilar o Curuguaty, esos fueron combates y enfrentamientos menores”, detalla.
En ese entonces Piribebuy era la capital de Paraguay ya en un contexto de “guerra total” que implica que todos los recursos de un Estado son destinados a la guerra y campaña bélica. “El Paraguay lleva más al extremo ese contexto; hasta que sea difícil diferenciar entre civiles y militares”, sostiene.
Sobre la batalla en sí indica que esta comienza con un bombardeo entre un pedido del Conde D’eu de retirar a la población civil, aunque los paraguayos se habían negado a abandonar el territorio, ya que sus parientes estaban en combate. “Las fuerzas logran introducirse al pueblo, la lucha se llevaba calle por calle y casa por casa. Piribebuy no era un sitio para entablar defensa al estar rodeada de puntos más altos en la zona y eso hizo que las fuerzas paraguayas estén a merced de las tropas que ocupaban sitios más altos”, explicó.
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Batalla de Piribebuy fue “una carnicería”
Por su parte, el también profesor e historiador Herib Caballero Campos recordó que el mayor Pedro Pablo Caballero defendió la plaza con cerca de 1.600 efectivos, mientras el grueso del Ejército paraguayo se enfilaba hacia Caraguatay.
“En el asalto final, al ingresar las tropas aliadas a la población, fueron resistidas por grupos de mujeres, ancianos y también niños que habían sido movilizados. Las mujeres ayudaban a cargar piedras y objetos de vidrio en los cañones que ya quedaron sin municiones”, cita.
Incluso consideró que esta batalla “fue realmente una carnicería”, ya que el general brasileño Mena Barreto había fallecido en combate y dejó estimaciones de 600 bajas en el Hospital de Sangre que se incendió.
“Fue brutal (la batalla) por la desmedida reacción de las tropas aliadas luego de ser capturada la plaza; el comandante Caballero fue degollado delante de su esposa y los demás prisioneros. La guerra entraba en su etapa final y la diferencia entre las fuerzas beligerantes se hacía más notoria”, finalizó.