28 de abril de 2026

Ese aroma “a perro” que aparece al acariciarlo o cuando vuelve mojado no siempre es suciedad: a veces es piel que produce demasiada grasa, levaduras que se multiplican o una alergia silenciosa. Entender la seborrea ayuda a controlarlo con cuidado y criterio.

Te acostaste, apagaste la luz y, puntualmente, a las 3 de la mañana tu gato empieza a “hablar”. No es capricho: suele haber razones biológicas, ambientales o médicas. Estas son algunas claves para entenderlo y mejorar el descanso de ambos.


Si convivís con un Devon o un Cornish Rex, quizá ya lo notaste: sus bigotes pueden verse ondulados, cortos o “gastados”. No es un capricho estético: suele ser genética y puede influir en cómo el gato se orienta, juega y se siente seguro.


Fortalecer las patas de un perro no exige saltos ni largas sesiones: en un living, pasillo o patio chico se puede trabajar estabilidad y músculo con bajo impacto. Te explicamos tres ejercicios simples que ayudan a prevenir lesiones y a moverse mejor, sin forzar.