La canasta contenía miel, huevos, pan, juego de manzanas y sidra. En un paquete aparte estaba la botella de escocés.
Al Papa le fue explicado que los productos proceden del jardín del Palacio de Buckingham, del Castillo de Windsor, de la residencia de Sandringham y de Balmoral.
“Traje algo de todas nuestras residencias, justamente para usted”, dijo la reina al pontífice. La miel, en particular, era del jardín del Palacio de Buckingham.
“Espero que sea un regalo inusual para usted”, agregó la reina.
Entre los regalos había una botella de whisky: “Es de Balmoral, en Escocia”, se le dijo al Papa. El príncipe Felipe tomó la botella en la mano y la mostró a Francisco, que reaccionó con sorpresa.
Otra botella, explicó en cambio el príncipe, era de jugo de manzana.
La reina y el duque de Edimburgo regalaron también al Papa dos fotos de ellos firmadas, en marcos de plata. “Temo que se las debo dar -subrayó Isabel II-, es inevitable”.
Por su parte, la reina recibió del pontífice un regalo para el “bebé real”, el príncipe Jorge de Cambridge, hijo del príncipe Guillermo y su esposa, Kate Middleton.
El Papa envió al pequeño Jorge, que cumplirá un año en julio y tercero en la línea de sucesión al trono, un globo de piedra coronado por una cruz.
A la reina, el Papa le regaló el facsímil de un antiguo pergamino de mayo de 1679 con un mensaje “Urbi et Orbi” del cardenal Cesare Facchinetti.
El documento concierne a la figura de Eduardo el Confesor, que fue proclamado santo. “Oh, fue canonizado”, comentó el príncipe Felipe, mientras la reina afirmó: “Es muy gentil de su parte, es algo muy interesante”.
El globo destinado al pequeño Jorge es de lapislázuli, coronado por una cruz de plata que es precisamente el símbolo del rey Eduardo el Confesor.
En la base, dice en inglés: “Papa Francisco para su Alteza Real el príncipe Jorge de Cambridge”.
Al mostrarlo a la reina, el Papa dijo sonriendo, en español: “Es para el nietito” (bisnieto en realidad, ndr). Y la reina comentó: “Estará muy contento por esto”, agregando después de una pausa, “cuando haya crecido”.
Al príncipe Felipe, el Papa le regaló tres medallas del pontificado, una de oro, una de plata y una de bronce. “Es la única medalla de oro que gané”, bromeó el duque de Edimburgo.
