Gran parte del texto está dedicado a los temas de los divorciados vueltos a casar, a las convivencias y a los matrimonios civiles. “Es necesario tener en cuenta la diferencia entre quien ha culpablemente roto el matrimonio y quien en cambio ha sido abandonado”, precisa por otra parte el texto, en el que se destaca que la Iglesia debería ocuparse “de manera particular” de ellos.
El documento afirma además que en cada iglesia debería haber un sacerdote “adecuadamente preparado, que puede previa y gratuitamente aconsejar a las partes sobre la validez de su matrimonio”.
Hoy en día, la familia enfrenta “por cierto muchas dificultades, pero no es un modelo superado. Por el contrario, entre los jóvenes hay un nuevo deseo de familia, como demuestra por ejemplo -concluye el cardenal- el testimonio de muchos matrimonios y de familias cristianas que son felices. No hay que perder de vista a estas experiencias positivas, pese a la difusa situación de precariedad e irregularidad”.