El consistorio eleva ya a 2.674 los palestinos expulsados de sus casas por el Ejército israelí, pertenecientes a 411 familias, según un informe difundido este domingo.
Entre los desplazados figuran 180 bebés menores de dos años, 222 personas mayores de 60 años, 168 enfermos crónicos, 115 mujeres embarazadas o lactantes y 28 personas con discapacidad, según el Ayuntamiento.
La cifra supera en casi 500 la facilitada el sábado a EFE por un portavoz municipal, que contabilizaba casi a medianoche a 2.193 personas, de 344 familias, inscritas como desplazadas por orden del Ejército israelí, de las cuales 140 familias aseguraron no tener ningún lugar alternativo donde alojarse.
Las tropas israelíes reforzaron este domingo su despliegue en las zonas de Al Yaladeh y Aqabat Tafuh, donde continuaron irrumpiendo en viviendas y agrediendo a los vecinos que aún no han sido desalojados, entre ellos niños y ancianos, según fuentes locales citadas por la agencia oficial palestina Wafa.
Un anciano, Hiyazi Shawar al Tamimi, tuvo que ser trasladado al hospital con fracturas en una pierna, además de contusiones y hematomas, después de que los soldados le golpearan y le impidieran llegar a su casa, según explicó a Wafa la Media Luna Roja Palestina.
Según la agencia, las tropas israelíes mantienen cerrados los accesos a Hebrón, de la que los palestinos solo pueden salir a pie por tres puntos habilitados y tras someterse a un interrogatorio de los militares, y han marcado con una equis algunos de los edificios desalojados, dentro de una campaña de demoliciones en dos zonas de la ciudad, según medios palestinos.
El Ejército israelí anunció el viernes por la noche el inicio de la operación, que prevé que dure varios días y en la que asegura estar llevando a cabo "registros minuciosos, precisos y focalizados" para "localizar y desmantelar infraestructuras terroristas y armamento", y el sábado informó de la detención de 40 personas en toda Cisjordania.
Las autoridades israelíes comenzaron también a derribar estructuras que consideran "ilegales" en Hebrón y en las cercanías del lugar del ataque del viernes, en el que murieron los dos soldados y fueron abatidos los dos atacantes palestinos.
Tras el ataque, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, anunció una operación militar "a una escala no vista desde la Guerra de los Seis Días" de 1967, en la que Israel ocupó Cisjordania y Jerusalén Este, controladas por Jordania desde 1948, con evacuaciones forzosas de residentes, registros casa por casa y destrucción de infraestructuras.
La Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha condenado la operación como un "castigo colectivo" y una "peligrosa escalada" que "no traerá seguridad ni paz a nadie".
