"Polonia y Alemania -marcadas por las experiencias de los regímenes totalitarios del siglo XX- tienen un derecho moral especial y la responsabilidad de advertir al mundo de las consecuencias fatales cuando el hombre ocupa el lugar de Dios y el Evangelio es sustituido por ideologías creadas por el hombre. Este aniversario nos llama al recuerdo, a la oración y a la responsabilidad", afirmó Kupny en su sermón.
Por su parte, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal alemana, el obispo Michael Gerber, habló de "un momento muy crítico" al referirse a la memoria de los crímenes del régimen nazi y al hecho de que "las últimas voces de los testigos presenciales de aquel horror están callando para siempre en nuestros días".
Agregó que por primera vez desde la II Guerra Mundial, está creciendo una generación de jóvenes que ya no tiene la oportunidad de conocer a representantes de la generación que vivió los horrores de entonces.
En este contexto, Gerber pidió que se mantenga viva la memoria y el testimonio de los sacerdotes prisioneros en Dachau durante la II Guerra Mundial, sólo por parte polaca unos 1.800, de los cuales murieron aproximadamente la mitad.
"Sigamos el rastro de aquellos testigos de entonces. Sigámoslo, especialmente en estos días en que la dignidad humana está siendo pisoteada en muchos lugares", dijo.
Por su parte, la directora del lugar conmemorativo en el antiguo campo de concentración, Gabriele Hammermann, agradeció a los presentes la "importante señal" que envían al haber convocado una conmemoración conjunta en recuerdo de las víctimas en Dachau, "un lugar que representa la violencia que los alemanes infligieron a más de 200.000 prisioneros de toda Europa".
Agregó que "con su visita, subrayan expresamente la idea de una coexistencia pacífica", algo que, dijo, está "en consonancia con el legado de los supervivientes, que abogaban por defender siempre la dignidad incondicional del ser humano y por transmitir un conjunto de valores, caracterizados por el espíritu de solidaridad".
Por su parte, el director de la Fundación Lugares Conmemorativos de Baviera, Karl Freller, recordó en su discurso de bienvenida que en Dachau estuvieron presos ocasionalmente más de 2.700 sacerdotes y religiosos de diversos países.
"Las historias de todos estos hombres son testimonios de fe y valentía que nos enseñan lo importante que es defender las propias convicciones incluso en las circunstancias más adversas. Sus destinos nos recuerdan que debemos defender el valor de la humanidad. Estos valientes creyentes fueron y son un ejemplo hasta el día de hoy, más allá de todas las fronteras confesionales y religiosas", añadió.
En el campo de concentración de Dachau murieron entre 1933 y 1945 alrededor de 41.500 personas.
En el servicio religioso, oficiado en polaco y alemán, participaron unas 1.400 personas, entre ellos diez obispos de Polonia y Alemania y más de cincuenta sacerdotes.
