Entre otros lugares, los manifestantes se congregaron frente al Parlamento de Yakarta, donde el pasado jueves se aprobó la polémica reforma de una ley militar de 2004, que extiende el acceso de militares en activo a puestos en organismos públicos.
Centenares de ciudadanos también salieron a las calles de Surabaya, Jember y Lumajang, en la parte oriental de la isla de Java; Sukabumi, en la parte occidental de Java, que alberga a la mayor parte de la población indonesia (de alrededor de 280 millones de habitantes y unas 17.000 islas), o Batam, del archipiélago Riau.
Los ciudadanos criticaron en pancartas la reforma y proclamaron que reinstaura una práctica de la época de la dictadura de Suharto (1967-1998) conocida como "dwifungsi" en bahasa indonesio - "funciones duales"-, por la que militares en activo ocupaban puestos gubernamentales clave, y que ha generado protestas desde la pasada semana.
La reforma amplía de diez a quince las instituciones en las que militares en activo pueden ocupar puestos a partir de ahora: se trata de los organismos que gestionan medidas antiterrorismo; seguridad fronteriza; seguridad marítima; gestión de desastres naturales, y la Oficina de la Fiscalía General.
Estos se suman a la decena de instituciones en las que los militares ya podían ejercer sin dimitir o jubilarse, en sectores como defensa, ciberseguridad, lucha antinarcóticos o tareas de rescate.
La revisión final también amplía la edad de jubilación de los militares, hasta los 60 en el caso de oficiales de medio y alto rango, y los 63 para soldados condecorados con el máximo de cuatro estrellas, con posibilidad de extender a los 65 bajo aprobación presidencial.
Los cambios forman parte de un refuerzo más amplio del rol del Ejército bajo el Gobierno de Prabowo Subianto, general jubilado que ocupa la presidencia desde octubre de 2024, tras ganar las elecciones el pasado año con apoyo de su predecesor, el popular Joko Widodo.
Yerno de Suharto, Prabowo, de 73 años, fue acusado hace décadas de violaciones de derechos humanos, y su elección supuso el regreso de un dirigente con perfil militar al país con más musulmanes del mundo tras la excepción de Widodo, el único mandatario del archipiélago que no provenía de los círculos tradicionales del poder.