Como indicador de la tendencia del CES a la electrónica “para vestir”, por ejemplo las pulseras o colgantes que permiten controlar la salud de quien los lleva, se encuentra este año también una proliferación de sensores de bajo costo. La cara más llamativa de esa nueva ola de productos es la de televisores de gran formato, aquellos destinados a generar más un impacto visual que ventas, dado su precio estratosférico y lo poco prácticos que resultan para cualquier vivienda estándar. Tal es el caso de las gigantescas pantallas curvadas de 105 pulgadas de Samsung y LG, compañías surcoreanas que llegaron a la feria dispuestas a evitar que su rival se pusiera medallas y acaparara en solitario portadas en los medios de comunicación por cuestión de tamaño.
Esas tevés son solo la punta del íceberg de la nutrida colección de pantallas que pueblan el evento, que conluye mañana, y que en su mayor parte oscilan entre las 85 y las 50 pulgadas y se agrupan bajo el paraguas de lo que se ha venido a llamar Ultra HD (UHD), terminología que poco a poco sustituye a lo que se venía conociendo como resolución 4K.
Los productos presentados en la feria marcan tendencia de lo que de aquí a poco podremos tener en el mercado.
