Para adolescentes enamorados

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Que ya somos demasiado grandes para hacer cosas de niños y muy chicos para los asuntos de la gente adulta… es lo que nos repiten cuando somos adolescentes. Pero ¿quién se salva de los tormentos del amor? ¿Existe una edad para entenderlo? Lo cierto es que, dicen, las emociones son más intensas en esta etapa. Lo importante es no descuidar otras responsabilidades, como el estudio. Ahora, leamos un cuento en el que seguro nos veremos retratados o encontraremos la anécdota de algún compañero.

Morir de amor

Milia Gayoso Manzur

Me he comido la almohada de tanto llorar. La he apretujado, estrujado, mojado, mordido, besado... en ese rectángulo blanco dejé mi desesperación, mi dolor, mi desamparo... dejé en mi almohada tu recuerdo que no me abandonó en toda la noche. Dejé en la almohada tu indiferencia.

Toda la noche me reclamaron mi cara larga, mi malhumor, mi desgano. En casa ignoran que la mitad de mi cuerpo está casi muerto, que ya no late mi corazón y que apenas respiro.

La madrugada me encontró despierta, con los ojos hinchados y enrojecidos, las manos frías de tanto apretar ese trozo de espuma que es mi confidente, el testigo de mi sufrimiento.

Y ya son las seis, el despertador vuelve a sonar porque lo he apagado mal, ahora recién tengo sueño y siento los ojos hinchados. Hace frío y no tengo ganas de levantarme, lavarme la cara... y mucho menos, ir al colegio. ¿Cómo haré para estar en clase a las siete?

Ella habla y yo ni siquiera entiendo lo que dice. Todos me miran, pienso que sospechan que algo me sucede, que he llorado, que estoy devastada. No lo quiero contar, ni siquiera a Rumilda que es mi mejor amiga. No quiero hablar, no quiero que nadie me pregunte nada, ni que traten de consolarme. Me voy a consolar sola. No hace falta que me tengan lástima, ni que traten de decirme que él va a volver. No me importa ya nada.

¿Un uno? póngalo, profesora, no me importa. No sé nada de historia, no estudié y no voy a estudiar. No se deje engañar por mi silencio, no es que me callo por respeto, me callo porque me da la gana, pero por dentro... la estoy insultando y me rebelo. No estudié y ¿qué? ¿Y a usted, qué le importa?

Todas me rodean en el recreo, me preguntan qué me pasa, por qué he llorado tanto. Y yo pongo cara de espectro, porque ni siquiera quiero hablar. Me alejo, casi salgo corriendo cuando suena el timbre de la salida, no permito que Rumi ni nadie me acompañe. Camino cuadras y cuadras, como una autómata, cruzo las calles sin mirar, escucho los bocinazos, los insultos. Camino bajo la llovizna de setiembre, y pienso que es mejor que llueva, así nadie ve que estoy llorando.

¿Por qué nadie entiende que a los trece se puede también morir de amor?

Sobre el libro

Autora: Milia Gayoso Manzur

Título: Las alas son para volar. 13 relatos para adolescentes

Editorial: Servilibro