En busca de la felicidad

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Todos tenemos sueños y luchamos por hacerlos realidad porque queremos ser felices. Alcanzar una meta brinda un sabor de satisfacción incomparable, pero también podemos disfrutar el camino que transitamos para llegar a ella.

(Saúl Schkolnik)

Hace muchos, muchos años, vivía en un hermoso palacio, una niña llamada Cristal.

Pero Cristal no era feliz.

Todas las tardes se asomaba a la ventana para mirar al jardín y allí, en una laguna soleada, veía a un pájaro llegar o partir volando graciosamente.

Un día, Cristal se acercó a la laguna; el pájaro, una pequeña garza blanca, no huyó; se quedó quieta observándola.

—Hola, Garza —saludó la niña.

—Prrit —respondió el ave.

—¡Ah!, quieres que seamos amigas —celebró la niña—. Muy bien, yo me llamo Cristal, cuando grande voy a ser bailarina, ¿y tú?

—Cuando grande yo quiero ser una gran garza blanca y volar por el cielo azul.

—Entonces déjame hacerte cariño —pidió la niña alargando sus brazos.

El ave dio un paso, pero Cristal, al ver el gran pico amarillo, atemorizada, retiró las manos. El gesto asustó también a la garza que voló, veloz, a refugiarse al otro lado de la laguna. A pesar de esto, comenzó una gran amistad, desde lejos, por supuesto, entre la pequeña Cristal y la pequeña garza. Ambas se miraban con cariño y admiración.

—¡Quién pudiera volar libre como tú! —le decía la joven.

—¡Quién pudiera ser grande como tú! —deseaba la garza.

—Yo quisiera dejar salir toda la belleza que tengo encerrada con la misma facilidad con que tú vuelas.

—Y yo quisiera tener la fuerza que tú tienes.

Una de esas tardes grises, Cristal le dijo a su amiga:

—Estoy triste, no soy feliz, me gustaría dar belleza y amor, ¡eso me haría feliz! Soy grande y fuerte, pero no sé cómo emplear mi fuerza. Si fuera bailarina, ¿sería feliz? ¡No sé! ¿Dónde está la felicidad, amiga Garza? Tengo miedo de no encontrarla nunca.

—La felicidad… —respondió la garza, pensativa— Tú crees que soy libre y, sin embargo, tengo miedo, incluso de ti, que eres mi amiga. Yo tampoco sé dónde encontrar la felicidad.

Entonces se oyó la voz del anciano de larga barba:

—Niña, ¿podrías indicarme dónde está la plaza de esta ciudad?

Cristal lo miró y, al verlo, supo de inmediato que él podría darle la respuesta que necesitaba.

—Hacia allá —señaló—. Pero, anciano, por favor, quiero hacerte una pregunta: ¿dónde puedo encontrar la felicidad?

—Ah —sonrió el anciano—. Debes hallar el pájaro azul.

—¿Un pájaro…? ¿Azul? —murmuró incrédula la joven.

La garza había escuchado la conversación:

—¡Qué viejo tan ciego! —se dijo—. Si yo no soy azul, soy… —y se miró en el agua, pero, ¡oh!, el reflejo del cielo le mostró su imagen pintada de azul y entonces dudó—: ¿De qué color soy?, ¿no seré quizás…? No, no puede ser, yo…

Después de meditarlo por un tiempo, Cristal se decidió a partir en busca del pájaro azul.

La despedida fue triste.

—Te extrañaré —le dijo a la garza—. Quizás logre encontrar la felicidad, expresar lo que siento con mi danza, no tener miedo de volar.

El ave se echó a llorar; luego, elevándose en un vuelo suave, respondió:

—¡Adiós, Cristal!, siento que al irte se va algo mío. Te esperaré.

Y Cristal partió en busca del pájaro azul.

Continuará…