El Banco Central del Paraguay tiene como objetivo principal velar por la estabilidad de la moneda, es decir, el seguimiento y control de la inflación, de forma tal a asegurar el correcto desempeño de los distintos sectores.
Por su parte, el Código Laboral, en el artículo 256 establece que el salario mínimo será modificado cuando se comprueben cualquiera de los siguientes hechos: a) profunda alteración de las condiciones de la zona o industrias, motivadas por factores económico-financieros; y b) variación del costo de vida, estimada en un 10% (diez por ciento) cuando menos.
La propuesta actual del Poder Ejecutivo, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Hacienda, pretende derogar este artículo y establecer que el salario mínimo sea revisado anualmente en el mes de junio, con base en la variación interanual del Índice de Precios al Consumidor (IPC). De aprobarse este proyecto, el aumento de este año será de 7,2%, que es la inflación acumulada desde el último aumento del salario mínimo.
El argumento que sustenta la modificación del Código Laboral es que el crecimiento económico del país de los últimos años no alcanzó a los trabajadores, así como el aumento del costo de vida, es decir el aumento de la inflación.
El objetivo del poder Ejecutivo es entonces regular el valor del salario mínimo de forma anual sin esperar que la inflación, medida por el Índice de Precios al Consumidor (IPC) llegue al 10%.
A partir de los datos de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) implementada por la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC), y comparando el año 2010 con 2016, se puede observar que ocurrieron varios fenómenos importantes y deseables con respecto a los ingresos.
En primer lugar se redujo sustancialmente la cantidad de trabajadores que percibían menos del salario mínimo, de más de 217.000 a 158.000, es decir, casi 60.000 trabajadores mejoraron sus ingresos.
En los otros segmentos, los del salario mínimo y más, se observa que más trabajadores perciben salarios más altos actualmente que hace seis años, como resultado del nivel creciente de inversiones generado por el contexto económico caracterizado por un crecimiento sostenido, pero que en los dos últimos años se ha desacelerado. Aun así, cada vez aumenta más el número de personas que disponen de ingresos mayores. En el estrato de entradas más elevadas, la cantidad de trabajadores se duplicó en los últimos años.
El mejoramiento de los ingresos se ha realizado con escasa intervención directa del Estado, y más bien con el juego entre la oferta y la demanda de empleo. De igual forma, la creación de empleos ha sido creciente, permitiendo que los jóvenes que se incorporan anualmente al mercado de trabajo encuentren empleo.
A la luz de estos datos, los niveles salariales de la población de Asunción y del departamento Central, que es el área de cobertura de la Encuesta Continua de Empleo, ha mejorado ostensiblemente en los últimos años, permitiendo que una cantidad cada vez mayor de trabajadores obtenga mayores ingresos.
Ante la evidencia del mejoramiento significativo de los ingresos salariales de los trabajadores es pertinente cuestionarse sobre las motivaciones que impulsan la modificación del Código Laboral.
- Motivaciones fuera del contexto económico
En un periodo marcado por el inicio de las definiciones políticas partidarias de cara a las elecciones presidenciales del año 2018, así como también por la idea de la reelección presidencial, no resultaría raro que intereses políticos impulsen las propuestas de incremento del salario mínimo, por encima de variables técnicas y objetivas.
En condiciones inéditas, sin la presión de los sindicatos ni de las centrales obreras, el Gobierno ha decidido el incremento del salario mínimo, mientras la situación económica no es la mejor.
- Consecuencias e impactos
El incremento del salario mínimo generará indefectiblemente consecuencias en el sistema económico del país, sobre todo en un período de contracción del crecimiento. Así, si las empresas venden menos debido a la retracción del consumo y realizan esfuerzos para no despedir funcionarios, es muy probable que ante el nuevo escenario, donde deberán dedicar más recursos al pago de salarios, se vean impulsados a despedir obreros, con lo cual el desempleo aumentaría.
Algunas empresas podrían reducir los días de trabajo como estrategia para no despedir trabajadores, pero finalmente lo harán para no perder competitividad. Se recuerda que el nivel de subempleo es aún elevado en el país y que un aumento del salario mínimo terminaría generando presiones inflacionarias, afectando de forma directa a los habitantes de menores recursos.
Por otro lado, ante el aumento de los costos productivos para las empresas, especialmente por el incremento del salario mínimo, los productos ofertados aumentarán de precio, lo que terminaría generando una inflación que afectará a toda la población, y no solo a los que perciben el salario mínimo. Atendiendo que una parte importante del empleo es generado por empresas pequeñas y medianas, es probable que estos estratos sean los más perjudicados por el incremento salarial, ya que sus márgenes son menores y por lo tanto son muy sensibles a cualquier variación en los costos de producción.
Tampoco puede olvidarse que el incremento del salario mínimo afectará directamente el presupuesto público, ya que los salarios de los funcionarios públicos también se ajustarán y requerirán de mayor cantidad de ingresos, llevando a una profundización del déficit fiscal, inclusive más allá del permitido por la Ley de Responsabilidad Fiscal. No debe olvidarse que las gratificaciones del Estado se calculan sobre el valor del salario mínimo, con lo cual se ampliará aún más la brecha entre los ingresos y los gastos.
La actual discusión en torno al salario mínimo esconde el problema endémico de la mayor parte de la fuerza laboral paraguaya, la muy baja capacitación técnica, que impacta en el bajo nivel de eficiencia de las empresas así como también en la, a veces extrema, dificultad de contar con obreros calificados. Una economía que se transforma y se diversifica requiere de nuevas habilidades, conocimientos y actitudes para hacer frente a una demanda también cambiante. Desde esta perspectiva, el incremento del salario mínimo alejará aún más a los miles de jóvenes que cada año deberían insertarse al mercado laboral, puesto que son caros, inexpertos y sin la capacitación necesaria. Es muy probable que las empresas tengan mayores incentivos para volverse informales, dentro de un sistema de por sí ya muy informal, para intentar mantener sus márgenes.
La modificación del esquema de variación del salario mínimo requiere de estudios y análisis minuciosos que permitan distinguir las buenas intenciones de las necesidades reales de la economía y la sociedad. La prudencia, atendiendo los múltiples impactos, debe caracterizar a los tomadores de decisiones. En este sentido el Ministerio de Hacienda cuenta con técnicos especializados en la materia. Los economistas del Banco Central del Paraguay tampoco deben estar ajenos a la discusión, puesto que los vínculos entre el salario mínimo y la inflación pueden ser estrechos.
Finalmente, aplicar modificaciones al incremento del salario mínimo, justo en un momento de menor dinamismo económico, puede ser contraproducente, y podría tener efectos indeseables en varios sectores productivos así como en el consumo y en las expectativas de los agentes. Por último, la imagen internacional del país podría verse afectada por las modificaciones sucesivas del salario mínimo, es decir por un cambio continuo en las reglas de juego.