II. La universidad ideal para el Paraguay del siglo XXI: por qué la universidad de investigación

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Los intelectuales latinoamericanos —dice el profesor Deves— ocupan su tiempo debatiendo sobre el valor de la modernidad o la identidad del ser latinoamericano (E. Deves.

Sus reflexiones sobre el efecto deletéreo de la globalización fueron sorprendidas por la masificación estudiantil, la proliferación de las universidades mercantilistas y los innumerables descubrimientos científicos muchos de los que afecta su propia actividad. Las discusiones ideológicas interminables ofuscaron la racionalidad del debate. Comprender la universidad tradicional como docente, hoy insuficiente, y la moderna como investigativa, les sobrepasa por la simplicidad del concepto. Como que quedaron discapacitados para aportar una idea clara para el futuro de la universidad latinoamericana y paraguaya. En el siglo XX hubo ensayos de modelos que por ser profundamente ideologizados y alejados no solo de la muy resistente tradición escolástica universitaria y sobre todo de la necesaria neutralidad del diseño académico no trascendieron ni resultaron en la modernización de la universidad. Pueden citarse ejemplos de ensayos propiciados por notables estudiosos como los de Mariategui y su universidad popular peruana (en el Paraguay hubo experiencia similar, Milda Rivarola), Paulo Freire y su metodología pedagógica dialógica desde el problema social, Darcy Ribeiro con su universidad necesaria limitada al ethos latinoamericano, es decir la universidad del ayer, hoy innecesaria. Risieri Frondizi, filósofo argentino multifacético y universal (La universidad en un mundo de tensiones) fue quien más se acercó al modelo de universidad moderna. En pocos años como rector de la UBA priorizó la investigación científica, pero la política partidaria se encargó de truncar su experimento. Mientras que la ciencia ya fue internacional desde sus inicios como actividad de la universidad hacia el siglo XVIII recién hoy los educadores reformistas de la universidad latinoamericana nucleados en la FLACSO y apoyo de la Unesco, se quejan amargamente, pero admiten la globalización como un mal necesario y exhortan a la modernización y a la introducción de la ciencia y tecnología en la universidad para ingresar en la sociedad del conocimiento y combatir la pobreza (Tedesco, Mollis, López Segrera). Pero, al identificar erróneamentela universidad moderna y las ciencias con el vilipendiado sistema liberal y por el temor al elitismo intelectual de este modelo donde se priorizan la inteligencia, motivación y capacidad de razonamiento docente y estudiantil, ¡desaconsejan implementar las medidas específicas necesarias para este cambio! Estas se relacionan con la flexibilidad laboral, la competitividad meritocrática científica, el estímulo de la diferencia y no de la igualdad en los claustros, la libertad de ideas, la internacionalización, la irreverencia y la falta de respeto a la antigüedad, el boato y la ceremonia, tan caros a los latinoamericanos. La universidad moderna no tiene otra ideología que aquella que se basa en el respeto irrestricto al avance del conocimiento puro o práctico. Mientras tanto, tercamente persiste la visión escolástica profesionalista, y la investigación científica sigue excluida de la mayoría de las universidades de Latinoamérica. Creemos que ya llegó el momento de terminar con los lamentos e iniciar los cambios hacia una universidad moderna de investigación. El Paraguay está progresando independientemente de su universidad, copiando lo ajeno. Este crecimiento, que es de base tecnológica, no dudar de ello, puede ser una burbuja, coyuntural y dependiente de otros, si no se sustenta en una ciencia y técnica propias. Ya se están produciendo cambios de modernización (investigación en la universidad) en unos pocos países de Sudamérica (Brasil, México, Chile) cuyas universidades empiezan a aparecer en los rankings internacionales que se miden por la capacidad y calidad de la investigación.   

Universidades en el Paraguay

La Universidad Nacional de Asunción y la Universidad Católica se insertarían en el modelo escolástico-profesionalista latinoamericano. Es erróneo y presuntuoso clasificarlas como pertenecientes al modelo napoleónico francés, que sí contempla la ciencia de manera esencial. Serían clasificables en el lenguaje moderno como universidades de docencia, es decir se distinguen o diferencian muy poco de los niveles previos de educación. La investigación es mínima y no es su misión principal aunque figure prominentemente en sus estatutos. Hoy en el país predominan las universidades lucrativas ocupando el 60 % de la matrícula estudiantil (Rivarola D.). Es probable que alguna de este subgrupo pueda clasificarse como sin intenciones de lucro, aunque es improbable. Aclaro que no satanizamos el lucro por sí mismo, sino que somos conscientes de que en educación superior moderna no hay límites para los gastos legítimos. y el lucro sencillamente no es posible cuando la educación que se imparte es seria. Las universidades lucrativas son instituciones de docencia donde no se investiga. Estos dos tipos de universidades estarán cumpliendo una misión: la de formar profesionales bien o mal, pero en el Paraguay no se está generando nuevo conocimiento, y el mejor lugar para lograrlo, aunque no el único, es la universidad. Por eso el país necesita una universidad de investigación. Ya nos hemos ocupado in extenso de las características y causas del fracaso de las universidades paraguayas. Superemos la etapa del diagnóstico e iniciemos acercar algunas soluciones.   

Simples cambios en la ley

En el Paraguay persiste el modelo escolástico-profesionalista, donde la investigación científica está prácticamente excluida. En innumerables e interminables debates sobre la reforma de la educación superior, nuestros políticos, educadores y referentes universitarios, más que cambiar la visión hacia una universidad moderna —que ni siquiera consideran—, se obsesionan con el ejercicio del poder y la problemática de la proliferación incoercible de universidades privadas lucrativas. Sabemos que en nuestro país no se cumplen las leyes; la propia Constitución manda que la universidad debe investigar, pero las leyes no cambian las costumbres. Debería ser al revés: que la ley sea resultante de las maneras de ser y de hacer. Pero ya que se está hablando de una nueva ley, tan sencillo sería introducir algún artículo que exprese que la admisión y la promoción de todos los profesores de todas las universidades será meritocrática y que el mérito a ser considerado sea la producción científica o intelectual demostrada, y que toda universidad ya creada o por crearse deba ser, como en la Argentina, sin fines de lucro.   

¿Por qué una universidad de investigación?   

Porque debemos insertarnos en el mundo global. Un país aislado no existe o sufre las consecuencias. Porque los productos de la investigación científica ayudan al desarrollo sociocultural y económico. Porque con investigación original tenderemos a la independencia cultural y científica. Seremos soberanos de nuestros productos de investigación, intangibles culturales o prácticos utilitarios. Se está superando ya la denominada sociedad del conocimiento. El simple acceso al conocimiento y a la información —características de fines del siglo XX— no son suficientes en la sociedad del siglo XXI. Ya la información está al alcance de todo el mundo y se han iniciado programas, aun en el Paraguay donde todos los niños escolares y sus maestros están conectados a la red global y al conocimiento mundial. La creatividad es el nuevo paradigma y resulta en la autoexpresión de los pueblos superando la sobrevida (Ingelhart). La creatividad es inherente a la especie humana y también abunda en el Paraguay. El mejor lugar para ejercer la creatividad es la universidad. Incluyendo el arte y las humanidades, su mecanismo metodológico es la investigación científica. Por eso necesitamos una universidad de investigación.   

¿Queremos cambiar la universidad?  

En el proceso hacia la creación de una universidad de investigación; sin embargo, debemos responder algunas preguntas: ¿Deseamos el cambio? A nivel latinoamericano, los intelectuales de la educación no aconsejan este tipo de cambios; algunas de las razones ya las expusimos más arriba (López Segrera, Rivarola D.), pero las mejores universidades latinoamericanos no siguen este consejo. Sabemos por experiencia que la mayoría de nuestros docentes actuales no están interesados en el cambio. Es dudoso que las autoridades educacionales o universitarias o políticas crean con sinceridad en la necesidad o en la posibilidad de estos cambios. Es posible que deseen otro tipo de cambios, como la adopción de nuevos métodos pedagógicos o curriculares, que son también necesarios y a eso llamarle modernización. Nuestro concepto de modernización académica va más allá y se extiende al incremento de la actividad creativa en la universidad. Los estudiantes son el estrato más permeable a la idea de la universidad de investigación aunque de manera parcial, pues a ellos les preocupa como a todos la masificación estudiantil. Debemos asumir que una universidad de investigación no es para todos los estudiantes y profesores, sino para quienes hayan demostrado el talento necesario. Debe existir igualdad de oportunidades (o nivelación para la igualdad en alumnos talentosos menos favorecidos económicamente) para el acceso a este tipo de instituciones y asegurar que los más capaces, independientemente de su situación social o económica, ingresen al sistema. La masificación es algo positivo, más estudiantes están en la universidad. Los mejores alumnos de este grupo deberían ingresar a la universidad de investigación. Serán los futuros profesores e investigadores de todas las universidades. Las universidades del tipo docente existentes, mejoradas con nuevas técnicas educacionales y con docentes de mayor dedicación, pueden acomodar al resto de la masa estudiantil. Creemos que la sociedad en general estaría a favor de estos cambios. La siguiente pregunta es si podemos hacerlo. Mi opinión es que si queremos el modelo, lo podemos hacer. En el próximo escrito explicaremos algunas estrategias prácticas.

NOTA. Las ideas y opiniones en este escrito son personales y no representan necesariamente la manera de pensar de los demás miembros del Conacyt.

 

antoniocubillaramos@gmail.com 

 

*Representante del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social ante el Conacyt.