Los trabajos se iniciaron en 1857, bajo la dirección del arquitecto inglés Alonso Taylor. A las órdenes de tal arquitecto trabajaron técnicos, escultores y artistas que se encargaron de la construcción y decoración del edificio. Hecho al estilo clásico renacentista, el Palacio de López estaba casi terminado en 1867. Algunos que otros detalles solamente faltaban para su conclusión. Pero al estallar la Guerra de la Triple Alianza, el Mariscal tuvo que dejar la capital instalándose en Ñeembucú. Jamás llegó a ocupar su majestuosa residencia, que fue bombardeaba por parte de la escuadra brasileña. El 5 de enero de 1869, las tropas tomaron el edificio, que fue utilizado como cuartel. Por si eso fuera poco, los corredores fueron convertidos en caballerizas. Lo peor vendría cuando los muebles traídos de Europa, las estatuillas que servían para dar adorno a los salones, las arañas, los espejos, las alfombras y las cortinas habían sido saqueados. Aquellos objetos de tanto lujo y esplendor fueron a parar al Brasil. Los oficiales y soldados del emperador don Pedro II se encargaron de que así sea.
La guerra finalizó en 1870; sin embargo, la capital del Paraguay seguía ocupada por los brasileños, que recién en 1976 se retiraron. El Palacio había quedado por fin desocupado, pero se encontraba en un deplorable estado de abandono.
Bajo el Gobierno de Juan Gualberto González se inició su recuperación. El objetivo central era convertirlo en sede del Gobierno nacional. Mucho se trabajó, ciertamente, para recuperar lo que había quedado después de los bombardeos y de los saqueos. El gestor de la recuperación del Palacio no pudo instalar su despacho. ¿Por qué? Pues porque en 1894 un golpe de Estado lo “apartó” de la magistratura. En su lugar subió el vicepresidente Marcos Morínigo, pero ni siquiera tuvo tiempo de montar su oficina, ya que no duró en el poder. Solamente el general Juan Baustista Egusquiza concretó la utilización del Palacio como sede del Gobierno nacional, el 25 de noviembre de 1894.
LOS INTERESES DE LA PATRIA
Se lee en el texto que en coincidencia con la celebración del IV Centenario del descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1892, quedó oficialmente inaugurado el Palacio de López.
Durante esa época era presidente de la República del Paraguay Juan Gualberto González. Como era de aguardar, ante tan magno acontecimiento, los ciudadanos, animados, hicieron un recorrido por los salones fastuosos de estilo clásico renacentista.
Han transcurrido 120 años desde aquel tiempo.
Varios presidentes ocuparon la silla presidencial. Fue Eligio Ayala el gobernante que mostró mayor honestidad durante el desempeño de sus funciones. Impecables estadistas como los Ayala, Caballero y Escobar, así como Gondra, hicieron prevalecer los intereses de la patria por sobre todo, pues entendieron las reales necesidades del pueblo paraguayo.
En los periódicos de la época aparecieron artículos referentes a la inauguración. Así por ejemplo: “Se previene al público que la Comisión Central ha resuelto permitir que se hagan instalaciones especiales en el mismo local de la exposición en parajes que se designarán de común acuerdo”.
El día de la inauguración y los siguientes días, algunos expositores se dedicaron a hacer expendios en forma gratuita de sus productos. Cuando se clausuró el acto, hubo brindis con refrescos y bebidas de la época.
Qué tiempos aquellos, pues los presentes pudieron disfrutar de una gran muestra de productos forestales, minerales, agrícolas, industriales, farmacéuticos y empírico, joyería y platería, bebidas alcohólicas, artes liberales, tipografía, electricidad, armas, trabajos manuales. Se confeccionó un catálogo hecho por don Emilio Hassler, a quien también se le adjudicó una medalla de oro y otra al secretario Ricardo Brugada.
La prensa hizo mucho despliegue informativo en torno a tan relevante acontecimiento. El periódico La Democracia traía un artículo con la firma de don Ignacio Ibarra: “Desde el martes por la mañana notábase un inusitado movimiento en la ciudad, y desde el mediodía comenzaban a embanderarse las casas. La Plaza Uruguaya estuvo perfectamente arreglada con banderas, faroles y guirnaldas; por la noche estuvo una banda (de músicos) que animaba a la inmensa muchedumbre que por allí paseaba; las casas embanderadas e iluminadas”.
Sin lugar a dudas, aquel suceso histórico tocó las fibras más íntimas de las gentes. Las noticias acompañaban ese sentimiento con lujo de detalles: “La plazoleta estaba embellecida con palmas y arcos de verdes ramajes; la entrada estaba hábilmente decorada y presentaba un majestuoso aspecto. Dos eran los salones destinados para el recreo coreográfico, donde multitud de parejas, luciendo galas y primores, giraban al cadencioso ritmo de la música. El testero principal lo ocupaba casi por completo un lienzo que representaba el desembarco de Colón en Guanahaní. En el pórtico, ocupando el espacio entre las dos puertas, estaba colocado un gran espejo, donde con prudente disimulo y graciosa coquetería observaban su elegante compostura los bailarines. En uno de los frentes del otro salón estaban expuestos artísticamente, en orden escalonado, los objetos que se rifarán el 23 del corriente y cuyo producto se destinará a los establecimientos de beneficencia”.
Las tarjetas postales que trae este álbum fotográfico son una verdadera delicia para la vista. Todas hacen alusión al Palacio de López. Vaya como ejemplo una tarjeta en la que puede observarse la bandera paraguaya con el Palacio en recuadro. Las distintas tomas desde varias perspectivas tienen al Palacio como principal referente de la capital del Paraguay.
Allá por los años 20 fue tomada una fotografía del Palacio de López. El detalle que da realce y esplendor a la instantánea es la iluminación generada por potentes reflectores eléctricos.
El Palacio de López es, sin lugar a dudas, una de las obras arquitectónicas mayormente fotografiadas, pues es el símbolo de la capital paraguaya.
POESÍA PARAGUAYA
Vapores de confusión
Te he visto pasar muchas veces.
Unas cuantas te he observado.
Te he observado de lejos.
Has llamado de algún modo mi atención.
He visto cómo caminas, cómo te sientas,
cómo estudias, cómo escribes, cómo sonríes,
cómo apareces y desapareces.
Te he visto sí y creo que no lo has notado.
Te he escuchado mientras hablas,
opinas, ríes y cantas.
Te he escuchado sí
y aún te he observado.
Solo te contemplo,
torpe, guiada por la experiencia,
torpe porque al final del día
te he observado
mas no te he aprendido.
¿Qué misterios esconderán esas ventanas
que introducen al ser enigmático que llevas dentro?
¿Qué hago incorrectamente, que te he permitido
robarme el aliento, sueños, descanso
solo por intentar descifrarte,
confusión andante?
¿Ha valido la pena?
¿He aprendido algo?
Algún día lo sabré o
nunca llegaré a saber.
Biera Cubilla
