Puedo decir que tengo el privilegio de contar con la maravilla de amistades, pocas pero entrañables. Algunas tan antiguas como nuevas. Sé, porque conozco a mis amig@s que ningún@ se molestará porque voy a permitirme rendir un tributo a la amistad mencionando únicamente a dos de ellos: Lucy Yegros y Juan José Camero.
Lucy, es como lo que su nombre significa: "la que ayuda a dar luz"; será por eso que ella ilumina con su presencia, con su alegría tan espiritual como pagana, contagiando esa envidiable vitalidad y amor a la vida. Lucy adoptó el nombre de "Areté"; que en guaraní significa día feliz, y así firma sus cuadros. Todos saben que Lucy Yegros es una de nuestras mejores pintoras. Siempre llega a casa con un obsequio sorpresa, que puede ser un ramillete de flores de su jardín, una libreta en papel reciclado que hace ella misma "para que anotes tus mejores ideas". Una campanilla para colgar al viento con un mensaje de paz o una vela aromada. Un cuenco cerámico con algas acuáticas que quien llega a casa elogia, lo mismo que la miniatura de sus cuadros pintados en las hojas de sus pasaportes viejos, o en los cartones interiores de perfumes franceses, como una alabanza creativa en favor de la ecología y el respeto al planeta. También me regaló libros preciosos, de esos que no se consiguen en las librerías, por ejemplo, El Mantic de Uttair, El Lenguaje de los Pájaros, de Farid Uddin Attar, cuyo original persa data del 1495.
Juan José Camero, por su parte, aparte de ser uno de los mejores actores argentinos, es una de las personas más nobles que conocí. Sabe los secretos de los mejores vinos del universo y jamás lo he visto ebrio ni siquiera mareado. Es de una pulcritud casi insoportable y de la nada improvisa los mejores platos porque cocina como los dioses. Su capacidad de seducción es abrumadora y he visto caer atrapada en sus encantos a más de una hermosa jovencita, mujer de mundo, señora de su casa y alguna que otra loca de atar. Me ha regalado momentos inolvidables como una noche en un lugar mágico de San Telmo, "La Calle del Angel", compartiendo cena a la luz de las velas con Sandro (Roberto Sánchez) y Paloma San Basilio. Me llevó a escalar, (en una tarde) los 1796 metros del Uritorco, cerro sagrado de Capilla del Monte, Córdoba. Trajo a casa de visita a la poesía con un invitado de lujo: Horacio Ferrer, el autor, junto con Astor Piazzola de Balada para un Loco. El espacio es pequeño para referirme al talento y a la generosidad de Juan José y Lucy, con quienes compartí noches de vino, afecto, lunas y canciones.
Cuando Lucy acaricia la madrugada con su voz de pétalo aterciopelado, cuando Juan José rescata de la guitarra acordes olvidados y canta coplas propias con su ternura de juglar viajero, es cuando el cielo está más cerca de mi casa y los ángeles pasean por los tejados del vecindario.
Lucy, es como lo que su nombre significa: "la que ayuda a dar luz"; será por eso que ella ilumina con su presencia, con su alegría tan espiritual como pagana, contagiando esa envidiable vitalidad y amor a la vida. Lucy adoptó el nombre de "Areté"; que en guaraní significa día feliz, y así firma sus cuadros. Todos saben que Lucy Yegros es una de nuestras mejores pintoras. Siempre llega a casa con un obsequio sorpresa, que puede ser un ramillete de flores de su jardín, una libreta en papel reciclado que hace ella misma "para que anotes tus mejores ideas". Una campanilla para colgar al viento con un mensaje de paz o una vela aromada. Un cuenco cerámico con algas acuáticas que quien llega a casa elogia, lo mismo que la miniatura de sus cuadros pintados en las hojas de sus pasaportes viejos, o en los cartones interiores de perfumes franceses, como una alabanza creativa en favor de la ecología y el respeto al planeta. También me regaló libros preciosos, de esos que no se consiguen en las librerías, por ejemplo, El Mantic de Uttair, El Lenguaje de los Pájaros, de Farid Uddin Attar, cuyo original persa data del 1495.
Juan José Camero, por su parte, aparte de ser uno de los mejores actores argentinos, es una de las personas más nobles que conocí. Sabe los secretos de los mejores vinos del universo y jamás lo he visto ebrio ni siquiera mareado. Es de una pulcritud casi insoportable y de la nada improvisa los mejores platos porque cocina como los dioses. Su capacidad de seducción es abrumadora y he visto caer atrapada en sus encantos a más de una hermosa jovencita, mujer de mundo, señora de su casa y alguna que otra loca de atar. Me ha regalado momentos inolvidables como una noche en un lugar mágico de San Telmo, "La Calle del Angel", compartiendo cena a la luz de las velas con Sandro (Roberto Sánchez) y Paloma San Basilio. Me llevó a escalar, (en una tarde) los 1796 metros del Uritorco, cerro sagrado de Capilla del Monte, Córdoba. Trajo a casa de visita a la poesía con un invitado de lujo: Horacio Ferrer, el autor, junto con Astor Piazzola de Balada para un Loco. El espacio es pequeño para referirme al talento y a la generosidad de Juan José y Lucy, con quienes compartí noches de vino, afecto, lunas y canciones.
Cuando Lucy acaricia la madrugada con su voz de pétalo aterciopelado, cuando Juan José rescata de la guitarra acordes olvidados y canta coplas propias con su ternura de juglar viajero, es cuando el cielo está más cerca de mi casa y los ángeles pasean por los tejados del vecindario.