Franco reitera reclamo por el “Cañón Cristiano”

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El presidente Federico Franco reiteró su reclamo al Brasil para que devuelva a Paraguay el “Cañón Cristiano” que llevaron los brasileños después de la Guerra de la Triple Alianza que se desarrolló entre los años 1865 y 1870. El mandatario hizo el pedido en vísperas del arribo de la mandataria brasileña Dilma Rousseff, quien desconoce a Franco como presidente legítimo.

“Reclamamos una vez más, respetuosamente pero firmemente, la devolución del ‘Cañón Cristiano’ y los archivos militares que hasta hoy tiene el Brasil”, expresó Federico Franco durante el acto de inauguración de las restauraciones del Palacio de López, la sede central del Gobierno paraguayo.

La habilitación del remodelado edificio gubernamental, que se realizó en la noche del viernes último, sirvió al Jefe de Estado para hacer una evocación sobre las reliquias que fueron saqueadas por las tropas brasileñas al término de la contienda que Paraguay soportó contra Brasil, Uruguay y Argentina.

“Antes de que flameara la bandera paraguaya, flameó la bandera brasileña” en el Palacio de López, dijo Franco al recordar que las tropas de Brasil bombardearon, asaltaron y la convirtieron en un cuartel el edificio en que el Gobierno paraguayo actualmente tiene sus oficinas centrales.

Brasil está obligado en devolver los archivos militares que llevó después de la guerra, insistió el Jefe de Estado, perteneciente al PLRA, quien el próximo 15 de agosto deberá entregar el poder al colorado Horacio Cartes.

Franco hizo estos reclamos después de que se confirmara la venida de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, para el acto de asunción del nuevo Jefe de Estado paraguayo el próximo 15 de agosto. Rousseff desconoce a Franco como presidente legítimo de Paraguay.

El “Cañón Cristiano”, de 10.780 kilos, fue fabricado durante la Guerra de la Triple Alianza en la fundición La Rosada de Ybycuí, con campanas rotas y enteras donadas por las iglesias como tributo para la defensa del país.

Este cañón disparaba balas esféricas de 10 pulgadas y tuvo una destacada actuación durante la batalla de Curupayty el 21 de marzo de 1868.

Después de ser utilizado en Curupayty, esta pieza de artillería fue llevada hasta Humaitá, de donde fue arrancada y llevada por soldados de las tropas aliadas al Brasil.

Los brasileños lo consideraron un trofeo de guerra y como tal fue llevado a un museo de Río de Janeiro, en donde permanece hasta hoy.