Rostros hastiados, ropas raídas, zapatillas, mochilas desteñidas en sus espaldas... Caminaban cuando les ordenaban, paraban cuando les decían, todo bajo el sol de 36 grados... mientras muchos los mirábamos desde el aire acondicionado.
Allí se me fueron las ganas de quejarme: Ellos lucían más cansados y hartos que quienes esperábamos poder pasar.
Sacando a los avivados de siempre –entre los que nombro primero a Elvio Benítez–, muchos de los que están marchando hoy por Asunción y “quebrantando” nuestras cómodas vidas urbanas son paraguayos y paraguayas a los que les han venido mintiendo desde el advenimiento de la democracia en 1989. Ese ciudadano campesino, pequeño productor, padre o madre de familia, que en los últimos años estuvo cerrando rutas pidiendo asistencia, caminos, ayuda crediticia, ese al que en cada mesa de trabajo de todos los gobiernos que pasaron –incluyendo Lugo que ahora fue a discursearles– le prometieron que tuviera más paciencia porque estaba en camino LA solución.
Y LA solución que vienen prometiendo gobiernos democráticos no llegó ni llega. Ese sistema ideal que les permita vivir con dignidad, trabajando para producir, produciendo para vender, vendiendo para ganar el dinero que necesitan para alimentar, educar y vestir a sus hijos.
El sistema ideal no tiene grandes secretos: Necesitan un plan que se sustente en el tiempo con asistencia crediticia para cultivar, buenos caminos y elementos de transporte para sacar sus productos al mercado. Necesitan no ser abandonados.
Hasta ahora, las promesas duran lo suficiente para sacarlos de las rutas y evitar que sigan cerrándolas. Y el olvido pronto llega hasta la siguiente manifestación, cierre y corte de ruta del cual nos enteraremos por los medios de comunicación. Con todos nosotros gritando porque se violan nuestros derechos a transitar y el de ellos porque se violan sus derechos a vivir dignamente.
Se ha creado un sistema tan miserable que parece diseñado para tenerlos así, obligarlos a mendigar y aceptar la limosna de autoridades de turno, algunas veces con líderes tan corruptos como el sistema. Y es todo tan perverso que siempre tuvieron que salir a cerrar rutas para que apareciera alguien que se sentara a hablar con ellos.
Mientras, pareciera que está bien que se use el dinero para las cosas que algunos deciden que está bien que se use: No hay problema para que carguemos con la deuda de Azucarera Iturbe como tampoco hubo problema con que pagáramos el desfalco de la financiera ARA. En su momento nos hicimos cargo de las deudas de los transportistas con el BNF y también ayudamos a comprar los ómnibus. ¿Quién decide en qué sí está bien que usemos el dinero estatal y en qué no? ¿Está bien cuando pagamos el servicio doméstico de Wapenka, los obreros de José María Ibáñez, la niñera de Víctor Bogado, los viajes a Cancún del titular de Defensa al Consumidor, los viáticos de la ministra Bacigalupo, el cocido y el agua de oro, el dinero de Perlita, los viáticos del viaje que no hizo Portillo, las amantes y sus familias?
Hasta ayer estas manifestaciones eran rurales; todo indica que estamos en presencia de un fenómeno nuevo y sin retorno, con el que Cartes deberá lidiar: Los reclamos han llegado a Asunción. Y esto no es nada bueno porque se han juntado la nafta y el fósforo, una mezcla que ya nos ha enseñado que no es nada buena para el país. Por si las moscas, recordemos qué pasó en 1999 cuando renunció Raúl Cubas Grau y en el 2012 cuando un juicio político se llevó a Fernando Lugo...
Recogerás tu siembra, así le dicen en la literatura.
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