No se sabe cómo lo hacía el señor Agustín Fernando de Pinedo, pero fundó varios pueblos en la Región Oriental del Paraguay. Lo hacía a caballo o bien simplemente ordenaba o enviaba a unos secretarios “delivery” para desatar la cinta inaugural.
Así surgió el pueblo de Quyquyhó en el noveno departamento de Paraguarí. Su nombre deriva de un revoltoso cacique que no quería saber nada de la religión católica ni de los nuevos popes aposentados en el Paraguay como los curas y gobernantes españoles. Antes de su fundación un contingente de soldados fue en busca del cacique para que él y su tribu tengan la bondad de convertirse al cristianismo. El cacique Quyquy, a sabiendas probablemente de lo mucho que iba a perder y de lo poco que iba a ganar, rajó del lugar con unos cuantos indígenas de su consolidada caterva y se cree que fue el primer autosecuestro, de los tantos que ya se hicieron en el Paraguay. Ante la consulta del enviado del gobernador sobre el paradero del cacique, uno de los pocos lugareños que no acompañó al cacique dijo Quyquy ohó, cuya traducción sería que Quyquy se fue con rumbo desconocido. Desde esa vez el lugar quedó con el nombre de Quyquyhó.
El distrito de 624 km² tiene una población de 7.500 habitantes dedicados a la agricultura y la ganadería. Es célebre por ser cuna de los hermanos Yegros, Fulgencio y Antonio Tomás, por la música que Antonio Ortiz Mayáns escribió por encargo de un chofer quyquyhense de una línea de ómnibus que en Buenos Aires siempre tomaba Ortiz: Sixto Cano. Dio también vida a otras figuras relevantes de la cultura, la música y del ejemplo cotidiano de vida que hoy ya muy poco son ejemplos a seguir. Hoy vive ahí, en una remozada y coqueta residencia, la amiga Milda Rivarola. Fue también cuna de personajes, de los que tiene cada localidad, como Mburú, Juan Tavy, Agapito y su arpa de solo 3 cuerdas y Luchí, el que pedía la bendición hasta a los recién nacidos. Tampoco pueden faltar Roberto Tokãi, quien está ciego y tiene 92 años, Mamerto, Crispín y Nene.
En el mes de junio de 2010 iniciaron el vergonzoso empedrado de 30 km entre Quyquyhó y Caapucú. Tenían un plazo de 30 meses para su conclusión. A inicios del año pasado había un 35% de construcción y hoy solo queda el 20% ya que cada vez se hunde más.
También asfaltaron un tramo de 31,6 km que llega a Mbuyapey. Tuvo un costo de 330.000 US$/km. Nadie sabe el porqué del asfalto en ese sitio; algunos argumentan que la Iglesia Católica tiene una estancia en ese lugar o porque es nido de liberales. Lo cierto es que el asfalto llegó a Mbuyapey y ahí ni mosca vuela. Quyquyhó quedó a 15 km de este asfaltado. El empedrado entre Caapucú y Quyquyhó lleva casi 4 años de atraso y es todo un ejemplo, ejemplo de atraso y del cómo no hay que realizar un bochornoso empedrado.
El acoso a Quyquyhó siguió con el saqueo que a su iglesia, construida en el año 1825, hizo el finado monseñor Celso Yegros. Se llevó el hermoso púlpito a Carapeguá, lo partió en dos diciendo a sus discípulos: este pedazo va a servir para poner a una virgen y del otro pedazo del púlpito hagan lo que quieran.
Su municipio recibe royalties por un valor de 1.098.160.760 guaraníes con posibilidades de un aumento de 464 millones más y un aporte del Fonacide de unos 713 millones de guaraníes. Linda platita para hacer algo en la comunidad.
Quyquyhó quedó al margen, a su margen derecha quedaron su iglesia y autoridades caducas y en su margen izquierda, los zurdos que llevaron el asfalto a una localidad que tiene menos concurrencia que una misa primera…