Preservación del paisaje urbano, rumbo al fracaso

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El paisaje urbano está cada vez más degradado como producto de la informalidad, el incumplimiento de las normas y la polución visual, lo que lleva a concluir que “hemos fracasado en la preservación del paisaje urbano”. Así lo entiende la argentina Arq. Marta Liliana Mirás, experta en Arquitectura del Paisaje.

–¿Qué es el paisaje?
–La mirada del paisaje a lo largo de la historia estuvo bastante cargada de estética según los pocos vestigios de paisajes antiguos hallados en las tumbas egipcias o en elementos arqueológicos y se ha asociado siempre al paraíso. En la actualidad hay una mirada mucho más abierta que tiene que ver con lo social, con lo cultural y con el medio ambiente, con una mejora para el hombre.

–Pareciera que el hombre se ha olvidado de lo que es el paisaje en la ciudad
–Existe una tensión entre lo que es el mundo civilizado, lo que son nuestras ciudades, y la naturaleza. Entonces, quizás estas ideas muy primitivas y primigenias de temor ante lo natural han contribuido y solo han quedado como vestigios, con la idea de combatir, de tener una actitud como defensiva y enorme dominación sobre la naturaleza. En un mundo tan poblado, donde las ciudades crecen tanto, se vuelven tan enormes, la situación se pone cada vez peor. Es mucho lo que se tala y se pierde de las especies. A lo largo de la historia se ha alterado el ecosistema. Lo que pasa es que en la actualidad se ha vuelto un problema más serio porque la capacidad de alteración a través de las técnicas es mucho mayor. El impacto ambiental, la huella, la utilización de ciertos tipos de combustibles, la polución visual, etc., contribuyen.

–¿Hacia dónde nos lleva esta situación?
–Creo que hay síntomas positivos, hay mucha idea de volver hacia atrás, lugares que se habían contaminado terriblemente se buscan descontaminar. Un ejemplo aquí es el lago Ypacaraí y en Buenos Aires el Riachuelo. Lo bueno es que hay síntomas de preocupación, se alzan voces y mentalidades que se transforman. Sin embargo, existe una sensación de que el hombre olvidó el paisaje en las ciudades y por eso todo se vino abajo con la contaminación.
–¿Cuándo comenzó el declive del paisaje?
–Hay cuestiones económicas, especulación financiera, que hace que se lotee o crezca una ciudad por fuera de las posibilidades de sustentabilidad que tiene. A veces es preferible que una ciudad tenga zonas de mayor concentración edilicia sin que las construcciones ocupen tanto territorio. Dependen en cada caso de qué es lo más adecuado. Pero ya hemos sufrido situaciones que no deben repetirse.

–¿Cuál es la tendencia actual: preservar lo natural, intervenir menos?
–Esa tendencia está, pero a veces a la naturaleza hay que ayudarla un poquito para darle el sentido estético. No hay recetas, hay que ir viendo en cada caso. Aparte de establecer reservas hay que tener estrategias más pequeñas y puntuales como proteger la biosfera de áreas más reducidas tratando de dejarlas lo más natural posible. A veces los mayores desastres naturales los produce la misma naturaleza, y así ha sido a lo largo de los siglos. El mundo fue cambiando solo. Por tanto, tampoco hay que ser un fundamentalista de lo natural. El hombre también tiene que poder ubicarse y tratar de encontrar un punto de equilibrio.

–¿Cómo se define el paisaje urbano?
–La idea de paisaje que es la idea del espacio a observar, de contemplar, a través de articular lo natural, y eso se trató de trasladar a la ciudad. En realidad a lo largo de la historia las ciudades han querido mejorar a través de la ciencia urbana. Hacia fines del siglo XIX, cuando se fueron trazando grandes soluciones para las ciudades, probablemente se hicieron las construcciones humanas más importantes de las que todos dependemos hoy. Pero en general hemos fracasado bastante con ese cuidado del paisaje urbano. Existen muchos intereses que hacen que los barrios históricos no se preserven y se destruye el material verde.

–¿Cuáles son las claves para preservar el paisaje urbano?
–La primera es la participación ciudadana y hay que generar consensos. Agregar vegetación que contribuya con el lugar, regular el crecimiento de la edificación, generar más lugares verdes para el encuentro y la vida natural. Se pueden generar más equipamientos en infraestructura, etc. Hay que tener leyes bastante restrictivas en esta materia para preservar y para recuperar el paisaje urbano en nuestras ciudades.

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