Eliminados por Ostojich y los penales

La selección paraguaya dijo adiós a la Copa América después de perder por penales contra Perú. La Albirroja, que jugó con diez todo el segundo tiempo por la errónea roja a Gustavo Gómez, empató 3-3 y cayó 4-3 en la tanda. Nefasto arbitraje del uruguayo Ostojich, incluyendo al VAR, que no sancionó un penal a Espínola y expulsó equivocadamente al capitán. Los incaicos, a semifinales.

Enciso, Martínez, Ávalos, Ángel Romero y Braiam Samudio evidencian la desazón paraguaya. (AFP)
Enciso, Martínez, Ávalos, Ángel Romero y Braiam Samudio evidencian la desazón paraguaya. (AFP)233417+0000 DOUGLAS MAGNO

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Esta vez mucho corazón, pero poca eficacia

Es incomprensible que un árbitro inepto como Esteban Ostojich dirija el torneo. Incapaz, el partido y la serie, gigantes para su capacidad. Erró tanto, que la inoperancia del charrúa quedó reflejada en la infracción no sancionada a Espínola dentro del área y en la segunda amarilla a Gómez por agresión, que nunca existió sobre Lapadula. Fue determinante para el futuro del partido. De todas maneras, la imagen que mostró el equipo paraguayo fue distinta al choque contra Uruguay.

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Al fútbol directo, con la posesión necesaria para el desdoble o el ataque en bloque, los jugadores agregaron mucho corazón, amor propio para revertir un camino que propició el juez y el trámite. Con uno menos tuvo la actitud de empatar en el 2-2 y cuando parecía que el rival clasificaba, volvió a igualar y hasta tuvo una ocasión con Julio Enciso para ganar. Pero la definición estaba escrita para los penales, un premio, un logro y una oportunidad de transformar toda la exigencia física y la insistencia en ganar durante el tiempo reglamentario, en una merecida clasificación.

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Podemos compartir o estar desacuerdo en este punto: los penales una lotería. Personalmente, no lo son. No está eliminada la suerte, pero sin la condiciones necesarias en una ejecución, desaparece. Los elegidos por Gareca fueron más certeros, determinantes que los pésimos tiros de Martínez y Samudio, quienes eligieron la fuerza, pero arqueando el cuerpo hacia atrás. Incorrecto, el balón siempre tomará altura y la menos deseada. Por eso, cargar el cuerpo sobre el esférico hace que el balón vaya al lugar que uno desea. En la ejecución de Espínola, hay mucho del arquero, así como Silva, quien también mantuvo a la Albirroja en la serie con las atajadas a Ormeño y Cueva.

La despedida vuelve a ser prematura, pero este cotejo, fue nuevamente una evidencia para el mismo Berizzo con respecto a que cuándo las piezas están en sus respectivos lugares y existe ambición, el equipo despega de la mediocridad, es dinámico, no deja jugar, incomoda, desdobla rápido y genera ocasiones. Alentador, sí, pero con el entrenador argentino y las malas decisiones, son presentaciones esporádicas.

La deuda es mantener una forma, un nivel que tanto añoramos.

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