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En esas fechas escuché el disco Chau Soda; así que sí, también me llegó en forma tardía: no escuché a Soda en su fecha sino en la mía, cuando yo era adolescente. Para mí, esa música era como la síntesis de muchas cosas que estaban en el aire, que ya habían estado y que siguen estando hoy (al menos en mi cabeza): eran los sintetizadores, era la relectura del rock (¿post?), o de la música popular, era algo del rockcito noventoso, pero bastante pretencioso de glamour… La música sirve también para imaginarse una identidad, y escuchar «Luna roja» o «La ciudad de la furia» era bastante alentador (en mi cabeza). Por otro lado, Soda Stereo es ficción para adolescentes. Pegada a su sonido viene una actitud adolescente en el sentido de que las canciones parecen siempre exploratorias, persiguen el descubrimiento de una identidad, o de sensaciones que son siempre turbulentas. Yo me quedo a veces con pequeñas frases pegadizas de los coros: «Despiértame cuando pase el temblor». «Mi parte insegura». «Se entregó al suave aire del desierto». En Juego de seducción me parece que hay una búsqueda de la identidad de la performance sexual como pose. Es algo que me parece adolescente, y lo digo sin descalificarlo, casi celebrándolo. En literatura hablamos de «novela de iniciación», de «novela iniciática». Me parece que la mayoría de las canciones de Soda (es la huella que a mí me deja, al menos en mi cabeza) describe esa pulsión febril y adolescente.
Escritor
damiancabrera@usp.br