Una realidad que empezó a sacudir al mundo en la década de los años 80 y que en sus inicios fue atribuida con mayor persistencia a la comunidad gay; pero con el paso del tiempo fue contagiando de miedo, inseguridad hasta lograr innovadoras campañas de prevención: el VIH.Aquí, una experiencia de un joven que supo dar la vuelta a su propia situación y vivir positivamente a pesar del virus en sus tejidos. John (nombre ficticio), 26 años, con aire desenfadado y con toda la vitalidad de la juventud, haciendo ejercicios en el parque, retrata la manera de sobrevivir a la idea de ser un portador y enfatiza en los cuidados para la protección.
¿Cómo te sentiste en ese momento?
Muy mal, la peor persona en ese momento. Asustado. Pensé que el mundo se acabaría y ya me moría. Fue a los 24 años.
¿Por qué ?
Porque era algo que yo desconocía y que no quería que me pase. Tenía muchísimo miedo. Venía sospechando porque en realidad no me cuidé y venía sospechando, así que después me dijeron: vos te estás metiendo con gente que está infectada. Y me quedé con mucho miedo, me animé y me hice el análisis. Y el análisis está en 24 horas. Al día siguiente me fui y le llevé a una amiga y se bajó ella a retirar el análisis y le dijeron que no le podían dar, que yo tenía que ir personalmente. Entonces le alcé en el auto y me rajé de ahí.
¿Por qué hiciste eso?
Porque me dio muchísimo miedo. No pude dormir, tenía re miedo. Sabía que algo malo iba a pasar. Yo sospechaba, no porque se me manifestó físicamente, sino porque sabía que no me cuidé con una persona que me dijeron que estaba infectada. Al día siguiente tomé valor y me fui a retirar los análisis. Me llevaron a una sala y me dijeron que salieron mal los análisis y tenemos que repetir. Ahí el mundo se me detuvo. Me repitieron el análisis y ahí vine rápido y ahí me confirmaron que me salió confirmado. Que estaba infectado con VIH.
¿Cómo es eso que se te paralizó el mundo cuando te enteraste?
Yo me veía enfermo, me veía en cama. Pensé que no iba a tener más pareja. No vi más mi futuro sino que vi mi muerte. Me vi muerto. Sentí que se detuvo el mundo. Sentí que yo sabía lo que tenía que hacer, pero no hice y al final me pasó lo que exactamente me iba a pasar: me iba a infectar. Era como si fuera: a mí nunca me va a pasar y me pasó. Lloré muchísimo. Yo me quedé en el aire. Parece que veía pasar mi infancia, mis sueños. Encima todo sucedió en un momento de mi vida que estaba muy feliz, estaba en la cima de mi vida y se detuvo el mundo hasta que todos mis sueños se desmoronaron y lo único que pensé era que me tenía que suicidar. Yo lo único que pensé era que me tenía que suicidar porque el día de mañana me voy a enfermar después voy a ser una carga para todo el mundo. Mis padres si se enteran, sería lo peor. Yo no quiero ser una carga para mis amigos, para mi familia. Pensé pero no llegué a hacerlo. Esa noche pensé en todas las cosas que hice, que nada valía la pena. Tuve rabia de mis padres, tuve rabia de mí mismo.
¿Por qué sentiste rabia de tus padres?
Y tuve rabia de mis padres porque yo pienso que es culpa de mis padres lo que a mí me pasó, porque ellos nunca me hablaron de lo que me podía haber pasado en mi adolescencia. Nunca me hablaron de sexualidad, nunca me hablaron sobre qué es tener sexo sin protección. Inclusive todas mis relaciones fueron sin cuidarme, todas mis primeras relaciones fueron sin protección inclusive dos años tuve relaciones sexuales y nunca me cuidé. Y mis padres, de lo único que hablaban era en una forma discriminativa a un cierto sector.
Yo una vez que fui grande, fui aprendiendo solo y aprendí de los consejos que me daban los amigos. Pero ya fue tarde porque yo tenía 24 años. Luego de mi segunda pareja empecé a tener relaciones sexuales ocasionales sin cuidarme.
¿Qué pensabas cuando no te cuidabas?
Y no sé. Yo fui educado así, sin saber cuidarme. Por ejemplo, yo me iba a un encuentro y tenía preservativos y siempre me olvidaba de bajar del auto. Y tenía relaciones sin cuidarme por no perder un segundo en ir a traer del auto, cosa que ahora que estoy despierto y que conozco de la enfermedad no lo haría nunca más.
Primero te agarra una depresión, luego te da una tranquilidad y después superas el tema y ves las cosas distintas.
¿Qué pasó cuando te deprimiste?
Vi mis sueños rotos, vi perder mis amigos. Pensé que la gente no me iba a aceptar, pensé que yo ya me sentía enfermo. Sicológicamente estaba destruido, bajó mucho mi autoestima y no sabía en quien confiar, no sabía a quien hablarle hasta que empecé a investigar los orígenes de la enfermedad, cómo se trata y cómo se transmite. Y eso me dio tranquilidad, saber qué es el HIV. Además empecé a hablar con gente infectada que me dieron consejos y creo que eso me ayudó muchísimo, el tener información.
¿Te sentías excluido?
Sí, me llegué a sentir enfermo, me llegué a sentir raro. Inclusive, al principio me dije a mí mismo: total me voy a morir, voy a agarrar y tomar todo lo que quiera, voy a fumar todo lo que quiera, me voy a meter la droga que yo quiera y voy a disfrutar de los últimos días de mi vida. Y eso fue lo que hice mal.
¿Relación familiar?
Con mi familia hay una relación totalmente aparte, yo tuve que salir de mi casa porque ellos no aceptan a los gays y mucho menos le aceptarían a un infectado con VIH. La relación en mi familia fue muy dura porque yo tuve que llevar la frente en alta, salir de mi casa y asumir lo que soy, solo y apoyado por los amigos, que son un grupo pequeño.
Luego vino mi etapa de superación en la que me di cuenta de que no todo estaba perdido, sino todo lo contrario. Fue un golpe muy duro del cual me tenía que reponer y levantar y seguir en la lucha y seguir mi sueño y continuar mi vida. Tomé la decisión de nunca contarle a mis padres, porque no me traerían un apoyo sino que me haría mucho daño la forma en cómo afronten esta situación. En el tema de la infección nunca pensé que podría sentirme como una persona normal. Porque pensé que la gente no iba a querer tomar un tereré conmigo, o a compartir algo conmigo. Pensé que iba a quedarme solo en la calle sin compañía y al final me di cuenta que una persona infectada con VIH puede ser una persona normal, porque al tener VIH no se siente nada. Yo no siento nada físicamente.
¿Qué pensás de las acciones que tomaste anteriormente?
Daría todo por retroceder el tiempo y cuidarme y nunca estar infectado, no tener esa carga. Si bien uno es fuerte y puede llegar a sobrellevar y tener una vida normalmente, siempre se lleva la carga. Y a veces tengo esos pensamientos de qué ocurrirá en el futuro, de cómo terminará y eso te da miedo. Pero todo depende de la fortaleza. Lo que yo le digo a los jóvenes es que se cuiden desde la primera relación que van a tener y no porque tengan una pareja estable tienen que dejar de cuidarse, porque el riesgo está en las relaciones sexuales, no en la fidelidad ni en la infidelidad. Toda persona que tenga sexo tiene riesgo de contagiarse.
Según las últimas cifras oficiales brindadas por el Programa Nacional de Control de las ITS-Sida (Pronasida), 4 de cada 10 personas que adquirieron el VIH tienen entre 15 y 29 años.
*John: nombre ficticio para el resguardo de la identidad del entrevistado.
¿Cómo te sentiste en ese momento?
Muy mal, la peor persona en ese momento. Asustado. Pensé que el mundo se acabaría y ya me moría. Fue a los 24 años.
¿Por qué ?
Porque era algo que yo desconocía y que no quería que me pase. Tenía muchísimo miedo. Venía sospechando porque en realidad no me cuidé y venía sospechando, así que después me dijeron: vos te estás metiendo con gente que está infectada. Y me quedé con mucho miedo, me animé y me hice el análisis. Y el análisis está en 24 horas. Al día siguiente me fui y le llevé a una amiga y se bajó ella a retirar el análisis y le dijeron que no le podían dar, que yo tenía que ir personalmente. Entonces le alcé en el auto y me rajé de ahí.
¿Por qué hiciste eso?
Porque me dio muchísimo miedo. No pude dormir, tenía re miedo. Sabía que algo malo iba a pasar. Yo sospechaba, no porque se me manifestó físicamente, sino porque sabía que no me cuidé con una persona que me dijeron que estaba infectada. Al día siguiente tomé valor y me fui a retirar los análisis. Me llevaron a una sala y me dijeron que salieron mal los análisis y tenemos que repetir. Ahí el mundo se me detuvo. Me repitieron el análisis y ahí vine rápido y ahí me confirmaron que me salió confirmado. Que estaba infectado con VIH.
¿Cómo es eso que se te paralizó el mundo cuando te enteraste?
Yo me veía enfermo, me veía en cama. Pensé que no iba a tener más pareja. No vi más mi futuro sino que vi mi muerte. Me vi muerto. Sentí que se detuvo el mundo. Sentí que yo sabía lo que tenía que hacer, pero no hice y al final me pasó lo que exactamente me iba a pasar: me iba a infectar. Era como si fuera: a mí nunca me va a pasar y me pasó. Lloré muchísimo. Yo me quedé en el aire. Parece que veía pasar mi infancia, mis sueños. Encima todo sucedió en un momento de mi vida que estaba muy feliz, estaba en la cima de mi vida y se detuvo el mundo hasta que todos mis sueños se desmoronaron y lo único que pensé era que me tenía que suicidar. Yo lo único que pensé era que me tenía que suicidar porque el día de mañana me voy a enfermar después voy a ser una carga para todo el mundo. Mis padres si se enteran, sería lo peor. Yo no quiero ser una carga para mis amigos, para mi familia. Pensé pero no llegué a hacerlo. Esa noche pensé en todas las cosas que hice, que nada valía la pena. Tuve rabia de mis padres, tuve rabia de mí mismo.
¿Por qué sentiste rabia de tus padres?
Y tuve rabia de mis padres porque yo pienso que es culpa de mis padres lo que a mí me pasó, porque ellos nunca me hablaron de lo que me podía haber pasado en mi adolescencia. Nunca me hablaron de sexualidad, nunca me hablaron sobre qué es tener sexo sin protección. Inclusive todas mis relaciones fueron sin cuidarme, todas mis primeras relaciones fueron sin protección inclusive dos años tuve relaciones sexuales y nunca me cuidé. Y mis padres, de lo único que hablaban era en una forma discriminativa a un cierto sector.
Yo una vez que fui grande, fui aprendiendo solo y aprendí de los consejos que me daban los amigos. Pero ya fue tarde porque yo tenía 24 años. Luego de mi segunda pareja empecé a tener relaciones sexuales ocasionales sin cuidarme.
¿Qué pensabas cuando no te cuidabas?
Y no sé. Yo fui educado así, sin saber cuidarme. Por ejemplo, yo me iba a un encuentro y tenía preservativos y siempre me olvidaba de bajar del auto. Y tenía relaciones sin cuidarme por no perder un segundo en ir a traer del auto, cosa que ahora que estoy despierto y que conozco de la enfermedad no lo haría nunca más.
Primero te agarra una depresión, luego te da una tranquilidad y después superas el tema y ves las cosas distintas.
¿Qué pasó cuando te deprimiste?
Vi mis sueños rotos, vi perder mis amigos. Pensé que la gente no me iba a aceptar, pensé que yo ya me sentía enfermo. Sicológicamente estaba destruido, bajó mucho mi autoestima y no sabía en quien confiar, no sabía a quien hablarle hasta que empecé a investigar los orígenes de la enfermedad, cómo se trata y cómo se transmite. Y eso me dio tranquilidad, saber qué es el HIV. Además empecé a hablar con gente infectada que me dieron consejos y creo que eso me ayudó muchísimo, el tener información.
¿Te sentías excluido?
Sí, me llegué a sentir enfermo, me llegué a sentir raro. Inclusive, al principio me dije a mí mismo: total me voy a morir, voy a agarrar y tomar todo lo que quiera, voy a fumar todo lo que quiera, me voy a meter la droga que yo quiera y voy a disfrutar de los últimos días de mi vida. Y eso fue lo que hice mal.
¿Relación familiar?
Con mi familia hay una relación totalmente aparte, yo tuve que salir de mi casa porque ellos no aceptan a los gays y mucho menos le aceptarían a un infectado con VIH. La relación en mi familia fue muy dura porque yo tuve que llevar la frente en alta, salir de mi casa y asumir lo que soy, solo y apoyado por los amigos, que son un grupo pequeño.
Luego vino mi etapa de superación en la que me di cuenta de que no todo estaba perdido, sino todo lo contrario. Fue un golpe muy duro del cual me tenía que reponer y levantar y seguir en la lucha y seguir mi sueño y continuar mi vida. Tomé la decisión de nunca contarle a mis padres, porque no me traerían un apoyo sino que me haría mucho daño la forma en cómo afronten esta situación. En el tema de la infección nunca pensé que podría sentirme como una persona normal. Porque pensé que la gente no iba a querer tomar un tereré conmigo, o a compartir algo conmigo. Pensé que iba a quedarme solo en la calle sin compañía y al final me di cuenta que una persona infectada con VIH puede ser una persona normal, porque al tener VIH no se siente nada. Yo no siento nada físicamente.
¿Qué pensás de las acciones que tomaste anteriormente?
Daría todo por retroceder el tiempo y cuidarme y nunca estar infectado, no tener esa carga. Si bien uno es fuerte y puede llegar a sobrellevar y tener una vida normalmente, siempre se lleva la carga. Y a veces tengo esos pensamientos de qué ocurrirá en el futuro, de cómo terminará y eso te da miedo. Pero todo depende de la fortaleza. Lo que yo le digo a los jóvenes es que se cuiden desde la primera relación que van a tener y no porque tengan una pareja estable tienen que dejar de cuidarse, porque el riesgo está en las relaciones sexuales, no en la fidelidad ni en la infidelidad. Toda persona que tenga sexo tiene riesgo de contagiarse.
Según las últimas cifras oficiales brindadas por el Programa Nacional de Control de las ITS-Sida (Pronasida), 4 de cada 10 personas que adquirieron el VIH tienen entre 15 y 29 años.
*John: nombre ficticio para el resguardo de la identidad del entrevistado.